![]() |
| Historia del Comic |
Hoy más que antes, en todos los niveles de la iglesia, hacen falta mas que simples hombres y mujeres, hacen falta Superhombres y Supermujeres para enfrentar y resolver la crisis del desempleo, la pobreza y el hambre que el hombre político no puede resolver. Sobre todo en estos años de guerra económica donde la escasez de alimentos provocada por el acaparamiento y el “bachaqueo” en Venezuela pueden provocar una confrontación social y política de pronósticos reservados.
Esta visto que una persona común y corriente no puede enfrentar esta guerra económica. Cada vez se reciben noticias de los intentos del Gobierno Nacional de resolver la escasez y el “bachaqueo” como la organización de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), los cuales tienen hasta el compromiso de llevar una bolsa de comida a la puerta de nuestras casas, pero fracasan al no abastecer, por lo menos, cada semana. Porque una bolsa de comida sólo puede durar una semana. En nuestro sector ya han transcurrido 4 meses y el CLAP no ha vuelto a pasar.
¿Por qué la idea de un Superhombre, una Supermujer? ¿Estamos plenamente convencidos del fracaso del hombre-mujer político? ¿O tenemos la esperanza que el mundo político resuelva esta guerra económica sin participar ni protagonizar un movimiento social desde nuestra iglesia?
¿Puede aparecer ese poderoso ser en nuestro medio espiritual para que demuestre que sí es posible amar al prójimo como así mismo? ¿Dar de comer, de beber, de vestir al desnudo, hospedar al extranjero, visitar al enfermo y al que está preso como lo pide nuestro Señor Jesucristo (Mateo 25: 31-46)?
Las siguientes citas revelan que sí es posible. Pero nos toca ponerlas en práctica.
“Cuando la voluntad del hombre coopera con la voluntad de Dios, llega a ser omnipotente. Cualquier cosa que debe hacerse por orden suya, puede llevarse a cabo con su fuerza. Todos sus mandatos son habilitaciones...
“El carácter es poder. El testimonio silencioso de una vida sincera, abnegada y piadosa, tiene una influencia casi irresistible. Al revelar en nuestra propia vida el carácter de Cristo, cooperamos con El en la obra de rescatar a los pecadores. Solamente revelando en nuestra vida su carácter, podemos cooperar con El.
“Y cuanto más amplia es la esfera de nuestra influencia, mayor bien podemos hacer. Cuando los que profesan servir a Dios sigan el ejemplo de Cristo practicando los principios de la ley en su vida diaria; cuando cada acto dé testimonio de que aman a Dios más que todas las cosas y a su prójimo como a sí mismos, entonces la iglesia tendrá poder para conmover al mundo..” Palabras de Vida del Gran Maestro, 266-268, 275-277..
“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y éstas hará; porque yo voy al Padre.” Juan 14:12. Con esto Cristo no quiso decir que los discípulos habrían de realizar obras más elevadas que las que él había hecho, sino que su trabajo tendría mayor amplitud. No se refirió meramente a la realización de milagros, sino a todo lo que sucedería bajo la acción del Espíritu Santo. “Cuando viniere el Consolador—dijo él,—el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.” Juan 15:26, 27.
“Estas palabras se cumplieron maravillosamente. Después del descenso del Espíritu Santo, los discípulos estaban tan llenos de amor hacia Cristo y hacia aquellos por quienes él murió, que los corazones se conmovían por las palabras que hablaban y las oraciones que ofrecían. Hablaban con el poder del Espíritu; y bajo la influencia de ese poder miles se convirtieron.
“Como representantes de Cristo, los apóstoles iban a hacer una impresión definida en el mundo. El hecho de que eran hombres humildes no disminuiría su influencia, sino que la acrecentaría; porque las mentes de sus oyentes se dirigirían de ellos al Salvador, que, aunque invisible, seguía obrando todavía con ellos. La maravillosa enseñanza de los apóstoles, sus palabras de valor y confianza, darían a todos la seguridad de que no obraban ellos por su propio poder, sino por el poder de Cristo. Al humillarse a sí mismos, declararían que Aquel a quien los judíos habían crucificado era el Príncipe de la vida, el Hijo del Dios vivo, y que en su nombre hacían las obras que él había hecho.
Los Hechos de los Apóstoles pág. 18

No hay comentarios:
Publicar un comentario