Aunque parezca sorprendente, las Escrituras tienen mucho que decir acerca de cómo ser un buen vecino o buen “prójimo”. La palabra “prójimo” proviene del latín proximus, que significa “próximo, siguiente” (Diccionario universal español-latino, 1822, p. 853), como lo son nuestros vecinos en forma literal.
Sin embargo, este concepto va mucho más allá de las personas que viven en nuestro vecindario y tiene mucha importancia desde el punto de vista bíblico. De hecho, Cristo ilustró cuán importante es ser un buen “vecino” con una parábola, explicando que es incluso un requisito para heredar la vida eterna.
En cierta ocasión, un intérprete de la ley le preguntó qué debía hacer para recibir la vida eterna y, sabiendo que el hombre conocía muy bien la ley de Dios, Cristo respondió con otra pregunta:
“¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:25-27).
Su respuesta fue la correcta; y como Cristo le dijo, eso era exactamente lo que debía hacer. Pero, tratando de justificarse, el intérprete volvió a preguntar: “¿Y quién es mi prójimo?” (vv. 28-29).
Entonces, Cristo aprovechó la oportunidad para relatar una parábola que se oponía fuertemente a algunas de las creencias judías de la época. Según el Albert Barnes’ Notes on the New Testament [Notas del Nuevo Testamento de Albert Barnes], los fariseos creían que no tenían la responsabilidad de ser buenos “vecinos” o buen prójimo más que con sus compatriotas. “Los fariseos estipulaban que sólo los ‘judíos’ eran sus prójimos, y sus obligaciones no se extendían hacia los gentiles” (comentario de Lucas 10:29).
La parábola con la que Cristo respondió la pregunta del intérprete de la ley —“¿Y quién es mi prójimo?”— es la parábola del buen samaritano, historia de un hombre que fue asaltado, herido y tirado en el camino por unos ladrones (vv. 30-37).
Cuando esto sucedió, los primeros dos viajeros que pasaron y lo vieron —aunque tal vez sintieron lástima por él y le desearon lo mejor— no tuvieron el el tiempo ni la voluntad para ayudarle. Lo peor de todo es que uno de ellos era un sacerdote y el otro un levita, hombres que deberían haber dado el ejemplo de lo que significa ser un “buen vecino”.
Pero fue el samaritano —pueblo despreciado por los judíos— el que, además de sentirse mal por el hombre, tuvo compasión de él y permitió que su compasión actuara. Luego de curar sus heridas, lo llevó a una posada y se aseguró de que le dieran todo el cuidado necesario para reponerse. Al irse, pagó la cuenta y le dijo al dueño que le pagaría cualquier gasto extra si fuese necesario.
El relato no dice que el samaritano hizo todo esto después de preguntar por la identidad, raza o nacionalidad del hombre. Tampoco dice que sus actos hayan sido una retribución por alguna buena obra que le hicieron o un intento por reivindicar al pueblo samaritano ante la opinión de los judíos. Nada de eso; el samaritano simplemente fue un “buen vecino”.
Esto por supuesto debió incomodar bastante al intérprete de la ley; más aun cuando Cristo le preguntó quién de los tres había sido el prójimo del hombre herido y “El dijo: El que usó de misericordia con él” (Lucas 10:37).
Otra respuesta correcta, pero una que probablemente le costó más admitir. Finalmente, Cristo le dijo: “Ve, y haz tú lo mismo” (v. 37).Fuente: http://vidaesperanzayverdad.org/
Si bien es cierto que en septiembre y octubre 2016 la Asamblea Nacional intentó derrocar al Presidente Maduro en relación a la supuesta culpabilidad del desastre causado por la escasez, acaparamiento, “bachaqueo” de alimentos, toallas sanitarias, pañales, medicinas y productos de aseo personal, también es cierto que en medio del peligroso ruido mediático de “golpes” de Estado, aparece en el centro de la tormenta política la propia Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Es decir, ella debería marcar las relaciones de buena vecindad y la paz social como la Ley de Dios. No obstante, la tragedia socio política lleva a las partes a la consulta, y como en la parábola del buen samaritano aparece el maestro e interprete constituido por el Tribunal Supremo de Justicia determinando las responsabilidades. Lección aprehendida o no porque para que haya paz, debe poder amarse al prójimo como a uno mismo. Alguien permanece tirado en el camino mal herido. Lo que hay hasta ahora es odio y muertos. Hambre y malestar general.(Noticias maduradas.com)
Este paradigma religioso del buen samaritano o buen vecino tiene su historia política y es de gran utilidad estar al tanto de ella: “La doctrina del buen vecino fue anunciada por Franklin D. Roosevelt durante el discurso inaugural de su primer mandato, el 4 de marzo de 1933, en plena Gran Depresión”. Suponía básicamente la no injerencia en los asuntos internos de los países de Latinoamérica y del Caribe. Además, favorecería el intercambio comercial y los tratados bilaterales entre Estados Unidos y sus países vecinos. La llegada de la Guerra Fría y los intereses de los soviéticos en la región pusieron fin a esta política. En 1953 Estados Unidos comenzó una largo período de intervención militar y política en Latinoamérica al apoyar el golpe de estado que derrocó a Jacobo Arbenz en Guatemala” (Por Adriana Collado http://historiausa.about.com/od/GranDepyIIGM/a/Que-Fue-La-Politica-Del-Buen-Vecino.htm)
Aquí en Villa Bahía las cosas no son diferentes. Tenemos problemas muy graves y hace falta una campaña de cómo llegar a ser un buen vecino. Existen 15 pasos para lograrlo y en nuestro sector lo haremos público, notorio y comunicacional para bien de toda la ciudadanía. Para ello necesitamos su participacion si mueve su influencia y recursos en favor de esta campaña.